RENUNCIAR A UNA HERENCIA

En los últimos años las renuncias a las herencias de familiares han experimentado un notable incremento. Los datos del Centro de Información Estadística del Notariado reflejan que en el año 2007 las renuncias en territorio nacional fueron 11.047, en el 2011 19.733 hasta llegar a 39.555 en el 2016. Estas cifras corroboran los estragos ocasionados por la crisis económica y el endeudamiento sufrido por las familias en los años próximos a 2008, y que no se han logrado superar hasta la fecha. Pero, ¿sabemos realmente que supone la renuncia a la herencia y las implicaciones que conlleva?

Cuando desgraciadamente un familiar fallece, se plantean situaciones para las que generalmente no se está preparado y se desconocen los caminos a seguir. La ley dispone que una herencia puede aceptarse pura y simplemente, a beneficio de inventario (el heredero responderá de las deudas adquiridas solo con los bienes de la herencia) o renunciar a ella.

En principio, la renuncia se baraja entre los herederos cuando existen deudas en la herencia, el impuesto correspondiente es elevado o los gastos de los inmuebles que se vayan a heredar sean importantes.

Es necesario puntualizar que no cabe la renunciar únicamente a parte de la herencia y aceptar el resto.

Consideraciones sobre la renuncia

Al renunciar a la herencia la persona se desprende de los derechos que la ley confiere al heredero sobre el patrimonio del causante. Es decir, se opta por no adquirir ninguno de esos derechos.

Existen diferentes modalidades de renuncia, con diferentes implicaciones y consecuencias, sobre todo fiscales, como veremos a continuación. Por un lado, la renuncia pura, simple y gratuita, que consiste en renunciar sin beneficiar a ningún otro heredero y sin recibir contraprestación alguna. Por otro, la renuncia a favor de otro de los herederos, que puede ser gratuita y tributará como donación, o a cambio de un precio. En este último supuesto se tributará como Transmisión Patrimonial.

¿Hay un plazo para renunciar a la herencia?

La respuesta es no. La ley no impone un plazo para renunciar a la herencia, ni tampoco para aceptarla. Sin embargo, conviene hacer alguna precisión.

La renuncia a la herencia debe ser una decisión meditada

Por un lado, y aunque pueda resultar obvio, el Código Civil establece que «Nadie podrá aceptar ni repudiar sin estar cierto de la muerte de la persona a quien haya de heredar y de su derecho a la herencia» (art. 991). Por consiguiente, no es posible efectuar la renuncia antes del fallecimiento de la persona.

Por otro lado, es importante renunciar antes de que expire el plazo voluntario para la liquidación del Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Recordemos que dicho plazo es de seis meses en todo el territorio nacional, a excepción de la Comunidad Autónoma del País Vasco que es de un año. Como bien dispone la Ley, los efectos de la aceptación y repudiación de la herencia se retrotraen al momento del fallecimiento del causante, por lo que si se efectúa dentro del plazo señalado no se estará sujeto al Impuesto puesto que nunca se ha sido heredero de la misma.

Si la renuncia se realiza con posterioridad, a efectos fiscales se considerará una donación a favor del resto de herederos que hayan aceptado y quedará sujeta al Impuesto.

Finalmente, y aunque se repudie dentro del plazo del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, si la renuncia se hace a favor de algún otro heredero también se considerará donación y tributará en consecuencia.

¿Existe alguna limitación para renunciar?

Las limitaciones que la ley impone se relacionan con la capacidad de obrar de la persona que va a renunciar. En particular, sólo podrán renunciar a la herencia quienes tengan la libre disposición de sus bienes. Por esa razón, los menores de edad y las personas incapacitadas no pueden renunciar a la herencia si no media autorización judicial. La fundamentación radica en que, por norma general, la herencia beneficia a los herederos, por lo que en caso de un menor de edad o incapaz no podrá renunciarse sin autorización judicial solicitada por los tutores, ya sean los padres o el tutor o curador designado judicialmente.

¿Cómo debe efectuarse la renuncia?

La renuncia, al igual que la aceptación, debe hacerse ante Notario y en escritura pública. Por lo tanto, aunque se renuncie a la herencia no se evita el coste notarial y de registro.

¿Qué ocurre una vez se renuncia a la herencia?

Los efectos de la renuncia a la herencia, como hemos visto con anterioridad, se retrotraen al momento del fallecimiento del causante, por lo que nunca se habrá sido heredero. Es decir, se pierden todos los derechos inherentes a la condición de heredero y no hay vuelta atrás.

Por otro lado, ¿qué ocurre con la parte que correspondía a quién ha renunciado? Eso dependerá, en primer término, del contenido del testamento. Si el testador indicó los sucesores de quién le premuera o renuncie a la herencia, serán aquellos los que tendrán derecho a aceptar o renunciar nuevamente a esa parte de la herencia. Si, por el contrario, no se prevé sustitución o la herencia es intestada (cuando no se otorgó testamento), ese derecho acrecerá a los demás herederos que sí aceptaron la herencia.

Entonces, ¿Cuándo se recomienda renunciar a una herencia?

Hay que tener en cuenta que cada herencia es diferente y debe ser estudiada en particular, considerando todos los aspectos patrimoniales del fallecido y la situación individual de cada uno de los herederos, por lo que es recomendable acudir a un profesional que pueda asesorarnos en el caso concreto.

No obstante, puede afirmarse que la renuncia a la herencia debe barajarse en aquellos supuestos en los que el pasivo (esto es, las deudas) supera de manera notoria al activo (los bienes y derechos).

Y, ¿Cuándo la cuota correspondiente al Impuesto de Sucesiones es elevada y no se tiene liquidez o capacidad para hacerle frente? En primer lugar, cada Comunidad Autónoma regula de manera específica el Impuesto de Sucesiones y Donaciones estableciendo reducciones, exenciones y tarifas que resultan aplicables tanto por el grado de parentesco como por discapacidad, convivencia o características específicas de los bienes que se heredan. Es decir, no debemos guiarnos únicamente por el tipo que aplica la Comunidad Autónoma, sino que debe considerarse el conjunto normativo y las posibilidades que existen para determinar la ley aplicable a efectos fiscales. El asesoramiento de un profesional en la materia nos ayudará a anticiparnos y estructurar las operaciones adecuadas para minimizar el importe a pagar por este impuesto.

Si aun así la cuota resultante supera las capacidades de los herederos, existen otra vías de aceptación, como es el beneficio de inventario, además de las fórmulas para obtener financiación que no deben descartarse a la ligera. Recordemos que una vez se renuncia la herencia, no hay vuelta atrás.

 

Como hemos visto, la renuncia a la herencia es un acto de transcendencia jurídica importante, además de las implicaciones fiscales que acarrea el momento y la fórmula escogida para ello, por lo que, en todo caso, se recomienda haber consultado previamente a un profesional.

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By | 2017-06-30T18:49:27+00:00 20 marzo 2017|Legados y sucesiones|0 Comments

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